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Notas de Prensa y reportajes realizados a Pan y Teatro


THE HERALD Por Dereck Foster

Qué WOW! ...Cómo describir este escondite único de Buenos Aires y transmitir algo de su genuina calidez y magnetismo es una tarea que temo está más allá de mi alcance. Oculto prácticamente por plantas y árboles en una esquina, probablemente la mejor forma de describirlo es como un rincón de Mendoza en Buenos Aires....

10 Comida & Vino Buenos Aires Herald – Domingo, 16 de Julio, 2006

Qué WOW! Que fue eso!

Pan y Teatro

Por Dereck Foster
PARA THE HERALD

Existen escasas oportunidades – en verdad, demasiado escasas – en las que uno tiene la fortuna de participar de una ocasión en la cual todos los elementos que han sido partícipes en su composición se conjugan exactamente al mismo tiempo, exactamente en el modo correcto, y con el toque mágico correcto que los aglutina a todos en una integridad perfecta. Este tipo de oportunidades –y, repito, son pocas y muy distantes entre sí-, se acercan tanto a la perfección como es posible en un mundo imperfecto.

La semana pasada fui afortunadamente partícipe de una experiencia precisamente así, una comida que fue mucho más allá que los ingredientes en sí, ya que agrego (y debo), la comida espiritual también. La ocasión fue compartida con mis amigos Harry y Ricardo y la cita fue en uno de esos lugares con los que uno sueña hoy en día (pero aquellos que llegaron a estas playas prácticamente empatados con Juan de Garay todavía recuerdan con nostalgia)… Me refiero a Pan y Teatro (Muñiz 1800, 4924-6920), escondido en una tranquila esquina de Boedo, lejos de los habituales circuitos gastronómicos.

Describir este escondite único de Buenos Aires y transmitir algo de su genuina calidez y magnetismo es una tarea que temo está más allá de mi alcance. Oculto prácticamente por plantas y árboles en una esquina, probablemente la mejor forma de describirlo es como un rincón de Mendoza en Buenos Aires. La Mendoza de ayer, llena de uva, pátina auténtica de los años 40 que salta de la historia misma, como corresponde en vista de los antecedentes y de los vínculos actuales de la familia Marín. Es la genuina vida familiar y estilo de alimentación provinciano transportado con amor y cuidado a la gran metrópolis, famosa por devorar a los neófitos que se animan a tratar de llevar por delante su indiscutible superioridad. Para cualquiera que vivió en el interior hace 50 – 60 años, Pan y Teatro es el pasado retornado. Para aquellos que quieran experimentar lo que se perdieron, éste es el lugar a donde el pasado y el presente se dan la mano, se sientan a comer un plato de alcauciles en escabeche, a tomar un vaso de vino y hacer que la realidad cobre vida.

Uno come bien en Pan y Teatro. La comida es simple, genuina, gustosa y abrumadoramente familiar. Casi todo lo que coma será casero, mucho de lo cual está hecho en Mendoza, donde Germinal Marín, quien también es un renombrado artista, tiene una casa y un jardín que produce mucho de lo que luego se sirve en Buenos Aires. Sus piezas celebradas al igual que las múltiples selecciones en escabeche o curadas que ofrece. Los pimientos rellenos son posiblemente los mejores de la ciudad, mientras que el clásico Pastel Mendocino –ahora una rareza en su provincia de origen- es aquí una atracción mayor. Una versión modificada del Shepherds Pie (Pastel del pastor), incorpora azúcar y canela para darle un toque distintivo. El vacuno y el cordero que se identifican “a la masa” son una especie de Beef Wellington que merece privilegiada atención.

Pero por más auténtica y gustosa que sea la comida, eso es solamente una parte de Pan y Teatro. La envoltura en que es servida es también un ingrediente esencial. La vieja radio recostada en un nicho probablemente se utilizó por última vez para escuchar la declaración del armisticio al final de la Primera Guerra Mundial. En verdad, el único toque de modernidad que se observa es una serie de espectaculares fotografías tomadas por Julie Weisz cuando (junto con Germinal Marín) fue invitada a China el año pasado. En un rincón hay un piano; sentado allí, con aire contemplativo, Alberto Duby mantiene seducidos a los clientes con música clásica (no es tampoco nada malo como ejecutor de tango). Harry, quien está tan familiarizado con Mozart como con el Malbec, no podía creer en sus oídos. Disfrutar de la histórica alta cocina burguesa a los acordes de Bach y Beethoven fue demasiado para él. En su excitación volteó su copa de Ricardo Santos Malbec 2005 –un accidente absolutamente inconcebible en cualquier otro momento-. Este Malbec, con el que acompañamos nuestra comida copiosa y variada, fue definitivamente una parte integral de la perfección de la ocasión.

Tal conjunción de ondas positivas no se logra fácilmente. El elemento humano es también fundamental, y Germinal Marín y su madre –cercana a los 80 pero increíblemente activa- son un perfecto ejemplo de tal influencia. El entusiasmo y el amor de Germinal por lo que está haciendo es infeccioso. Para realmente experimentar y sentir placer en Pan y Teatro hasta el límite, la mejor forma es sentarse a una mesa, pedir un vino, y luego dejar que Germinal se haga cargo. Tiene sus conceptos especiales. “No quiero mozos” me dijo, “Quiero a alguien que pueda aportar y hacer lo que sea necesario, sea en la cocina, en la mesa o en cualquier lugar”. También es firme en sus convicciones en cuanto a los clientes y a sus derechos. “El cliente nunca tiene razón” me dijo enfáticamente, “la tengo yo”. La fórmula evidentemente funciona. Ha estado regenteando el lugar por más de 12 años, antes de ello vendía pizza y empanadas en el barrio.


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Las Casas 4095 - Ciudad de Buenos Aires - 4922-0055
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